Many thanks to Hanzík for the Czech translations!

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De todos los que estaban encantados con la promoción de Zjing a Maestra, nadie estaba más encantado que el monje Wangohan del Clan de la Araña. Porque Wangohan tenía muchas ideas sobre cómo mejorar el software del templo, y estaba ansioso por compartirlas con un oído solidario.

“Wangohan descubrió un nuevo framework de interfaz de usuario muy prometedor,” dijo Zjing en su teleconferencia semanal con los maestros avanzados. “El desea usarlo en su siguiente proyecto.”

“¿Otro framework?” dijo Bawan. “Ya hacemos uso de Angular, Backbone, Bootstrap, Dojo, Ember, Jumpstart, Knockout—”

“Él cree que este tiene ventajas que los otros no tienen,” dijo Zjing.

“¿Él cree?” preguntó Kaimu, levantando su ceja. “¿Y qué cree Zjing?”

Hubo un silencio incómodo.

“Joven maestra,” refunfuñó Banzen (y ahora Zjing supo que estaba en suelo tembloroso, al igual que cuando su padre la llamaba jovencita), “¿Ud. pelea las batallas de Wangohan porque cree en su causa, premia su amistad, o le teme a los venenos en su estante de especias?”

Zjing respiró hondo. “Wú,” dijo ella, hallando inspiración repentina. “Si no consentimos a los desarrolladores avanzados sus pedidos más razonables, seguramente crecerán desanimados y dejaran de intentar mejorar el templo, y será una gran perdida para todos.”

Los primeros dos maestros miraron a Banzen, quien lo consideró. “Muy bien,” dijo al fin. “Deja que el monje juegue con su nuevo juguete.”

La aprendiz Satou, aprendiz de Banzen, se le acercó cuando terminó la reunión. “A menudo me has advertido de alejarme de lo desconocido. ¿Qué edad debo tener para que confíes en mí tanto como Wangohan?”

“Wú,” dijo Banzen. “Sólo confío en que la decisión de Zjing es pobre, y que pronto entenderá el por qué. Pero si no consentimos a los maestros jóvenes sus pedidos más razonables, seguramente crecerán desanimados y dejaran de intentar mejorar el templo, y será una gran perdida para todos.”