Many thanks to Hanzík for the Czech translations!

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Una fría mañana de primavera, la monja Yíwen encontró a un cierto monje parado en medio de un puente, su cara estaba manchada de lágrimas mientras miraba el abismo más abajo.

“¿Qué te aflige, hermano?” preguntó Yíwen, temiendo por el bienestar del joven.

“¡La inutilidad de la existencia!” lloró el monje. “¿Qué sentido tienen nuestras labores, cuando sus frutos se arruinan tan pronto? Nada es para siempre, ni siquiera el código que escribo. Cualquier cosa que haga, todo acabará en polvo... en nada, para siempre.”

Recordando como el maestro Banzen se enfrentó una vez a esos mismos pensamientos oscuros, Yíwen se quitó la enorme bufanda que vestía y aseguró un extremo a la barandilla baja. “Un buen salto en bunjee siempre me aclara la cabeza,” dijo ella. “No hay nada como el clavado para restaurar la perspectiva de uno, ¿no te parece?” Ella ató fuertemente el otro extremo alrededor de los tobillos del monje, y antes de que pudiera preguntar qué significaba bungee ella lo empujó sobre la barandilla.

El monje gritó durante toda la caída, seguro de su perdición. La bufanda se puso tensa—y se estiró, y se estiró. Su caída llegó a un dulce fin a unas pocas docenas de metros sobre las rocas.

El monje estalló de risa con calma. Su humor desolado, el cual hasta ese momento había parecido inmutable, desapareció. El monje fue iluminado. Nada es para siempre, se dio cuenta.

Al oír la risa del monje, Yíwen sonrió y continuó su camino.

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Aquella tarde, a Yíwen se le acercó un chico del clan del monje.

Él dijo, “Mi hermano desea saber cuándo reclamarás tu bufanda, y a él con ella; porque el sigue colgado bajo el puente por sus tobillos. Aunque su corazón parece ligero, su cuerpo es pesado y necesito tu ayuda.”

“Si su corazón está ligero,” dijo Yíwen, “entonces está en un mejor estado que cuando lo encontré, y mi trabajo está hecho.”

El chico quedó boquiabierto. “¡No puedes pretender dejarlo en este estado para siempre!”

Yíwen sacudió su cabeza. “Nada es para siempre,” dijo tristemente.

Comentario de Qi

“Pero nunca se lo digas a tu novia, a menos que continúes inmediatamente con ‘...excepto nuestro amor, por supuesto’.”

Poema de Qi

Banzen hizo un cuadro de tinta, para animar su corazón en tiempos difíciles.
NADA ES PARA SIEMPRE, decía el cuadro. No le dio alegría.
Un día el cuadro fue robado—
Ahora Banzen ve el lugar vacío, y sonríe.

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