Many thanks to Hanzík for the Czech translations!

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Ese mismo monje mantenía un sitio que vendía herramientas de agricultura a los granjeros locales. Últimamente había causado mucha frustración a esos granjeros, así que el monje resolvió seguir el consejo del maestro Bawan y ofrecer las Cuatro Palabras De La Angustia a sus usuarios lo más rápido posible. Porque cuando un granjero furioso quiere dar a conocer su punto de vista al desarrollador, ese punto de vista generalmente está en la punta de una guadaña.

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El monje dedicó su primer sprint en proveer botones de Ayuda por toda la interfaz, implementada como enlaces al manual de usuario online. Esto, pensó, tomaría el menor tiempo y esfuerzo—y además, los granjeros deberían apreciar el valor de la fruta que cuelga baja.

Pero poco después de la implantación el monje halló una nota clavada a su puerta, en el filo de un hacha:

Ahogándome, Grité Ayuda a tu bote.
Tiraste un volumen pesado y remaste lejos.
Una voz amigable era la cuerda que necesitaba—
Ahora ansío la clase de cuerda que hace una soga.
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El monje dedicó su segundo sprint en proveer botones de Cancelar por toda la interfaz, para que cualquier acción de importancia sólo pudiera continuar después de la confirmación.

Pero poco después de la implantación el monje halló una segunda nota clavada a su puerta, esta en los dientes de una horquilla:

Cuando me preguntó, ¿Deseas cancelar la orden?
mis únicas opciones eran Aceptar y Cancelar.
Elegí Cancelar, sin embargo recibí diez mil horquillas—
Te enviaré una a tu posterior... ¿Aceptas?
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El monje dedicó su tercer sprint en proveer un botón omnipresente de Deshacer, para que cualquier acción pudiera ser revertida. Esto tomó el mayor tiempo y esfuerzo, sin embargo estaba contento con el resultado.

Pero poco después de la implantación el monje halló una tercera nota clavada a su puerta, esta mantenida por pinchos de jardín:

Un penitente grita, ¿Qué he hecho?
Los dioses misericordiosos votaron volver el tiempo atrás.
Un grillo gorjea. Todo lo demás está quieto—
Ahora el hombre grita: ¿Qué he des-hecho?
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Aquella tarde Bawan informó al monje que una línea de ciudadanos había sido vista avanzando por la montaña, llevando varias herramientas de granja que destellaban en el poniente.

El monje declaró, “¡Tres de tus Cuatro Palabras me han fallado!”

El maestro respondió, “Eku tenía un loro que repetía sus palabras fielmente, pero nadie iba al loro en busca de sabiduría.”

“¿Cómo puedo calmar a mis usuarios?” preguntó el monje.

“El loro calmó al gato de Eku a la cena,” dijo Bawan.

“Aún queda la Cuarta Palabra de la Angustia,” dijo el monje. “¿Puede esta salvarme?”

“Sólo si tú la invocas,” dijo Bawan.

El monje apretó el botón Apagar en su estación de trabajo y abandonó la montaña para siempre.