Many thanks to Hanzík for the Czech translations!

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Esa misma monja visitó a Shinpuru en su jardín al día siguiente, donde el monje estaba haciendo lo último de su escarda invernal.

“Me hablaste de mirar al futuro,” dijo la monja. “¿Pero qué somos en el futuro excepto cadáveres podridos? ¡Porque, eres prácticamente medio cadáver ahora! He visto como dejas que monjes más jóvenes lleven los proyectos que te ofrecen. No haces ninguna objeción advenedizos eligen nuevas tecnologías arcanas que vuelven irrelevantes tus décadas de conocimiento—¡en vez de eso luchas por ponerte al día, y contribuyes cada año menos que el año pasado! ¿Por qué debería seguirte cuando caminas voluntariamente hacia tu propia tumba?”

Shinpuru arrancó un tallo marchito, se lo dio a la monja, y dijo, “Este no quedará bien con mi jardín. Porque aunque se aferra a la vida, robará agua de de los plantones y sólo parirá fruta amarga.”

Shinpuru luego colocó su oreja junto a un segundo tallo, idéntico al primero. Después de un momento asintió. “Este puede quedarse, porque sólo desea ser parte de una cosecha dulce.” Arrancó el segundo tallo, la arrugó en sus manos, y cultivó las hojuelas, profundo en la tierra para esperar la llegada de la primavera.