Many thanks to Hanzík for the Czech translations!

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En el patio delantero del templo, un monje le preguntó al maestro Kaimu: ¿Cómo puedo mantenerme al día con todo lo que hay por saber, cuando la tecnología cambia más rápido cada año?

Kaimu respondió: Si algo parece importante, recuérdalo.

El monje preguntó: ¿Kaimu siempre es tan frívolo? Podrías también decir, si cae una gota de lluvia, bébela. ¡La primera tormenta suave haría estallar mi estómago!

Kaimu se enojó y dijo: Ve al pozo al pie de la montaña. No vuelvas a este templo hasta que hayas consumido diez mil baldes.

Rechazado, el monje fue al pozo como le dijo. Después de una hora apenas había terminado un décimo del primer balde, sin embargo su vejiga estaba tan dolorosamente hinchada que apenas llegó a los bosques para aliviarse.

Mientras su cuerpo se deshacía del agua, el monje fue iluminado.

Él volvió a Kaimu inmediatamente, diciendo: Vengo sólo a reportar una paradoja curiosa. He bebido hasta hartarme, pero estaré sediento mañana.

Kaimu respondió: ¿Nos hemos conocido? Si fue así, olvidé la circunstancia.

Así Kaimu le oferto al monje re-entrar al templo.