Many thanks to Hanzík for the Czech translations!

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Tres hermanas de una familia pobre pidieron al abad del Clan del Mono que Ríe la admisión al templo como desarrolladoras.

“No puedo contratar a ninguna de ustedes,” dijo el abad después de mirar sus currículums. “No tienen la experiencia necesaria.”

“¡Pero es la misma queja a donde quiera que vayamos!” protestó una de las hermanas. “¿Como adquiriremos experiencia si se nos niega la entrada a cualquier lugar que ofrezca experiencia simplemente porque nos falta experiencia?”

El Maestro Kaimu por casualidad pasaba por ahí y lo escuchó. Él dijo a las chicas: “El deseo es la raíz de todo el sufrimiento. Si no pueden hacer lo que desean, entonces hagan lo que deben, para que en su tiempo libre puedan hacer lo que verdaderamente aman.”

El maestro luego se fue, pero las chicas no estaban conformes.

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Varios meses después el maestro encontró a esas mismas tres hermanas compartiendo un humilde almuerzo en la villa. Les preguntó cómo le fueron.

La primera dijo, “De día hago carpintería para pagar las cuentas, y de noche tallo esculturas para mi diversión.”

La segunda dijo, “De día vendo pescado para pagar las cuentas, y de noche practico danza para mi diversión.”

La tercera dijo, “De día arreglo vestidos para pagar las cuentas, y de noche escribo pequeñas aplicaciones para mi diversión.”

Kaimu volvió con el abad y, contándole lo que le sucedió, dijo, “Admite a la tercera hermana en tu clan, porque ella tiene lo que buscamos.”

El abad dijo, “¿No deberíamos aconsejar a sus hermanas mayores seguir su ejemplo, de que pueden ganar experiencia y también ser admitidas?”

“Null,” dijo Kaimu. “¿Cómo podemos aconsejarlas en ‘lo que aman verdaderamente’?”